| Hákarl, tiburón podrido |
Desde tiempos antiguos Islandia ha buscado la forma de hacer
a los tiburones comestibles, puesto que en sus territorios se encuentran en
abundancia y en épocas de hambre era imposible consumirlos debido a su alta
toxicidad, la cual se debe a que no poseen riñones y todo el ácido úrico se
concentra en el cuerpo del tiburón.
Los islandeses finalmente descubrieron que la carne podrida
del tiburón ya no poseía los altos índices de ácido úrico, pero presentaba
otros problemas que seguían haciéndolo una alternativa inviable, mediante
muchos ensayos de prueba y error lograron hacer el Hákarl, cuyos dos pasos son
el fermentado y el secado, que en su proceso pueden pasar varios meses, de hecho,
por su fuerte olor lo realizan de la forma más alejada posible de la población.
Los comensales del Hákarl aunque estén habituados a su
fuerte aroma muchas veces no resisten el olor, sin duda alguna es un plato de
gusto adquirido.
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